14 may. 2019

Yo envejezco, tú envejeces, él envejece...

Cuando mirar atrás es deprimente y me aporta tristeza es cuando más coraje me da. 
Antaño cuando alguien decía que al llegar a viejo nadie tiene más amigos que los dedos de una mano, yo pensaba para mis adentros que eso era un pensamiento anticuado y viejuno 
-¿Quién me va a quitar a mí tantos amigos como tengo? 
-¡Bah! Eso no va conmigo. 
Ahora que la viejuna soy yo, me sobra algún que otro dedo para contar los amigos que de verdad tengo. No es que se hayan muerto todos los de mi "pandilla eterna" sino que se les ha ido viendo el plumero o sus verdaderas caras o se me ha visto mi plumero y mi verdadera cara y nos hemos ido dejando. 
Eso y la decadencia física en la que me encuentro y que va por un tobogán que ni "el de Estepona", hace que haya días en los que preferible hubiera sido no levantarme. 
Bueno, y lo de mirar atrás, es que no me aporta ningún beneficio, cualquier día me convierto en estatua de sal. 


4 comentarios:

El secreto es respeto.